Wednesday, July 19, 2017

UNA CRUZADA ÉPICA DEL PROFESOR CAMPBELL EN CERRO VERDE

   
Pedro Cerda, con muletas, días antes del viaje a
Santiago a pie de su profesor, don Eduardo Campbell.
(Fotocopia de revista VEA facilitada por el vecino de
Cerro Verde, Guillermo Pedreros).
D
on Eduardo Campbell Saavedra fue el hombre preciso para aquellos tiempos de la historia de Cerro Verde. La dimensión de su personalidad era extraordinaria. Podía encarar en forma correcta incluso al Presidente de la República para tocar su sensibilidad. Supo usar los medios de comunicación para su causa y aprovechó la maquinaria del estado para actuar. De no haber sido por esa cualidad de poner el dedo en las emociones, el “villorrio” habría tenido que esperar muchos años más para conseguir una escuela y algunos de sus humildes habitantes no habrían obtenido lo que necesitaban con urgencia.
    Veamos sólo un caso, el del joven pescador Pedro Cerda. Por algún motivo, el muchacho sufrió un accidente que le significó perder sus dos piernas a la altura de los muslos. En esos tiempos no era fácil obtener una silla de ruedas, así que el joven quedó en la invalidez absoluta. Había sido alumno de la escuela N°34 creada hacía unos años por Campbell. Consciente el profesor que había que hacer algo frente a esta dramática situación decidió actuar.
    Sin duda debe haber muchos vecinos de Penco, Cerro Verde y Lirquén que recuerdan todavía la prueba épica que acometió el profesor Campbell para conseguir piernas ortopédicas para Pedro. Decidió viajar a Santiago para abordar este problema con las autoridades máximas del país, sin duda se presentaría en La Moneda. Pero, el viaje lo haría a pie, de ida y de vuelta. Comunicó convenientemente su propósito a la Municipalidad de Penco de la época y ésta, a su vez anunció la marcha de Campbell a los otros municipios en el camino con el fin que le prestaran apoyo. Los medios de comunicación (los diarios) hicieron lo suyo. Así el profesor emprendió el viaje…
   La revista de circulación nacional VEA, dirigida por el prestigioso periodista Genaro Medina, enganchó con esta cruzada en solitario y la publicación informó finalmente que las piernas ortopédicas para Pedro Cerda fueron una realidad.

    Así actuaba el profesor, con decisión; concebía un camino de solución para un problema y se ponía, de inmediato, manos a la obra. El “villorrio” de Cerro Verde de hoy sería distinto, decíamos, de no haber tenido a un maestro tan notable como el señor Eduardo Campbell.

Thursday, July 13, 2017

FILANTROPÍA HACIA JÓVENES DE PENCO DE "TALHOUK Y PIGLIESI"

El nombre de Hammoud Talhouk aparece en esta publicación de Mundo Árabe del 1° de julio de 1949, pág. 11.
El señor Hammoud Talhouk era un hombre alto de estatura que se peinaba para atrás y llevaba un bigotito fino. Fumaba cigarrillos con una boquilla de filtro. Administraba la pulpería de Fanaloza en la esquina de Cochrane e Infante, frente al edificio administrativo que hoy no existe de esa empresa. También estuvo relacionado con el economato locero que atendía en la planta baja del hogar del sindicato en calle Penco, donde se vendía menaje y enseres para las casas de los trabajadores. El servicio lo prestaba con un socio y la empresa de ambos era “Talhouk y Pugliesi”. Este último, el señor Pugliesi, tenía un vínculo de parentesco con uno de los hermanos Díaz, del clan Díaz propietario de Fanaloza. La personalidad del señor Talhouk, de apariencia distante difería de su trato con los niños hacia los cuales demostraba una relajada afabilidad. Se interesaba en la actividad que realizaban los scouts de la “Armando Legrand” a la que él contribuía con alimentos no perecibles para aquellas excursiones que el grupo realizaba por los cerros de Penco y que se programaban por  más de un día.
               La publicación “Mundo Árabe” que circulaba en Chile a mediados del siglo XX incluía informaciones sobre esa colonia en Chile. En sus textos se nombraba al señor Talhouk en varias ediciones entre 1947 y los sesenta, indicándolo como un activo integrante de directivas de comunidades árabes en Concepción y Talcahuano. En una de esas notas se señalaba que ejercía como secretario de bibliotecas. A pesar de su trabajo en Penco, él no residía acá sino en la ciudad penquista.
               Por esta acción filantrópica hacia los scouts, sostenía vínculos con otras personas importantes de Penco que dedicaban parte de su tiempo a apoyar a la niñez y la juventud de ese grupo. Entre ellos los señores Óscar Contreras, el doctor Emilio Suárez…

              Cuando han pasado ya tanto años, se me viene a la memoria la imagen y la personalidad del señor Talhouk sonriente supervisando la pulpería y agradable en su trato hacia los niños de la “Legrand”. Si pudiéramos llamarlo así, valga este recuerdo como un modesto homenaje a su persona.

Dato editorial: Esta nota fue complementada con información aportada por Manuel Suárez Braun, tesorero de la Sociedad de Historia de Penco.

Monday, July 10, 2017

CENA "GOURMET" EN EL FUNDO LANDA

Foto referencial obtenida de www.fogonvirtualscout.com.
   La jefatura habló con don José Pérez, cuidador del fundo Landa, para que nos dejara entrar a ese campo, ubicado a la salida de Penco por el camino a Concepción, para actividades escautivas por veinticuatro horas. La autorización formal fue concedida por la Refinería, propietaria de ese predio así como del fundo Coihueco, Trinitarias y Cosmito. Cerca del mediodía de ese caluroso verano de 1957, unos veinte muchachos pertenecientes a la “Legrand”, entramos marchando con nuestras mochilas, báculos, carpas, un par de trompetas, un tambor, un fondo con su tapa y otros pertrechos. Lo hicimos por la puerta que da al camino público, donde entonces había un letrero hecho de madera que decía “Fundo Landa”. Luego de unos trescientos metros de caminata por una suave pendiente llegamos al lugar donde nos instalaríamos: un descampado perfectamente circular de una media hectárea. Alrededor había un bosque: pinos, eucaliptos y algunos árboles nativos. Antes de iniciar cualquiera acción, la jefatura nos advirtió de no encender fuego, que estaba autorizada sólo una fogata común en el centro de ese espacio circular, por lo que las carpas se levantarían en derredor.
   Una vez que el campamento estuvo armado,  los muchachos pudimos participar de las distintas actividades recreativas propias de un grupo scout. Hasta que vino la tarde y cayó la noche y con ella llegó el hambre. Afortunadamente, la cocina había funcionado muy bien gracias a la participación de tres diligentes scouts designados para esa labor. Estos nos habían solicitado temprano los alimentos no perecibles que incluía la lista de las cosas que había que traer de la casa. Demás está decir que cada cual llevaba lo suyo. Algunos traían porotos, otros garbanzos, los más habían llevado arroz. También se veía en la mesa de la cocina varias latas de salsas de tomates y los infaltables tallarines. Los muchachos picaron la cebolla, pelaron algunas papas y lavaron las verduras…
   A la hora de la cena, la comida estuvo lista. El orden para recibir la ración era hacer una fila y llevar el plato y la cuchara. Esa noche a la lumbre de las llamas de la fogata, había expectación por la comida preparada nuestros compañeros. El jefe se acercó a los cocineros y conversó con ellos brevemente. Nosotros mirábamos a cierta distancia. Los encargados sacaron el fondo hirviendo del fuego y se dispusieron a entregar la comida. Pero, antes, el jefe pidió un aplauso a esos muchachos por la aplicación y el cariño que habían puesto en la preparación. Terminados los largos aplausos, el jefe les dijo a los cocineros que informaran  a la tropa de qué se trataba el plato de esa noche, especialidad de la casa…

De los tres, el más chico entregó la esperada información: “Atención tropa de la ‘Legrand’, para esta noche de campamento los cocineros les hemos preparado un rico, un exquisito, un inigualable me-nes-trón”, dijo el scout separando las sílabas y terminó así su corto informe en voz alta. De inmediato comenzó el reparto de las porciones. ¿En qué consistía el mentado menestrón? Pues, que los cocineros echaron todo el comestible reunido en el fondo al que le agregaron agua del estero Landa (muy limpia en esos años), lo cocieron por un par de horas, lo aliñaron y listo. Así cada plato reunía todo tipo de cereales y legumbres cocidas, tallarines, un caldo espeso y hartas verduras. Los jefes de patrulla informaron al final que nadie había comido nunca un menestrón tan delicioso. (Es lo que hace la fuerza del hambre).

Saturday, July 01, 2017

UN RECORRIDO DE TRABAJO POR EL RAMAL RUCAPEQUÉN-PENCO EN AUTOCARRIL

Un autocarril en la estación de La Calera. Foto captada  por Hart Preston en 1941 para la revista Life. Esta imagen fue facilitada a nuestro blog por ARPF.
Don Miguel Berríos, jefe de Transportes de Ferrocarriles del Estado, en Santiago debió efectuar una misión inspectiva a las vías ferroviarias del ramal Rucapequén-Concepción, tarea que inició el 18 de noviembre de 1955. Según consignó el diario El Sur de la fecha el señor Berríos tenía especial interés en la revisión del tramo Dichato-Tomé-Penco. Lo que a los lectores les pudo parecer curioso fue que esa tarea, el señor Berríos la efectuaría en un autocarril de la empresa. El diario tampoco entregó más detalles. Por lo que para construir esta historia significó suponer algunas situaciones y averiguar otras.
Consultamos a don Rodrigo Chávez, de la Asociación Regional del Patrimonio Ferroviario (ARPF) sobre el uso de este peculiar medio de transporte de los ejecutivos de la empresa de entonces. Pues bien, el autocarril, según nos dijo, era un automóvil adaptado para correr por los rieles. La única diferencia de aquellos que van por la carretera es que éstos no necesitaban usar el volante para la dirección, ya que ésta quedaba comandada por las pestañas de sus ruedas metálicas. Pero, en lo demás, todo igual. Agradecemos esa información técnica.
Sin embargo, volvamos al trabajo puntual del señor Berríos en aquel viaje de 1955. Si él venía de Santiago, lo más probable fue que llegara a Chillán en un tren de itinerario. Ahí, en la Tercera Zona de la empresa, dispusieron para él de un autocarril de los mencionados. Subió su maleta al vehículo menor y en compañía de algún ingeniero local se dirigió a Rucapequén para iniciar su labor de inspección. Digamos que en el ramal a Concepción en los únicos lugares donde había algún hotel para hospedarse era en Ñipas, Coelemu y Tomé. El recorrido, en todo caso, era por una zona cariñosa en agasajos, especialmente para autoridades de la empresa. Debió haber una que otra invitación a alguna mesa generosa. O sea, todo bien.
Finales de noviembre ya era una explosión de primavera en esta parte del mundo. El autocarril se detenía cada cierto tramo para que Berríos inspeccionara el estado de los durmientes, la condición mecánica de los puentes, las bóvedas de los túneles, los postes y el tendido de cables de las comunicaciones. En el sopor del medio día la tarea la realizaba rodeado del incesante canto de chicharras, los trinos de chercanes, lloicas y zorzales, además del bullicio de sorprendidos treiles sin contar el zumbido de abejas y el revoloteo de mariposas. Después, subir de nuevo al autocarril para seguir la marcha y detenerse en un desvío de la próxima estación  para dejar vía libre al tren ramal. Cada jefe de estación querría, sin duda, recibir a un representante de la jefatura lo mejor posible. Sabrosos almuerzos daban lugar a constructivos análisis para mejorar el servicio ferroviario. Bueno, también pudo haber convites a la caleta de Quichiuto, en Tomé, para un refrescante mariscal; al barrio chino en Lirquén donde las reinas eran las cholguas al vapor;  o al casino Oriente en Penco, justo frente de la estación.
Suponemos que una vez que terminó su visita de cuatro o cinco días, el señor Berríos llegó a Concepción en el autocarril donde estregó las llaves y se reportó con Santiago. La idea era embarcarse esa misma noche en el tren nocturno que salía de la estación Arenal, en Talcahuano con destino a Alameda en Santiago. Sin abundar en detalles lo más seguro fue que el almuerzo del último día de Berríos en la zona haya sido en el hotel Cecil cruzando avenida Prat desde la estación penquista.

Friday, June 30, 2017

LA LIBRETA DE COMPRAS ANTECEDIÓ EN PENCO A LAS TARJETAS DE CRÉDITO

   NOTA DE LA EDITORIAL: La siguiente crónica ha sido preparada por Manuel Suárez Braun, tesorero de la Sociedad de Historia de Penco, y constituye una interesante colaboración para nuestro blog.     
    
 
EL COMERCIO  EN PENCO  ENTRE LOS AÑOS 
1940 y 1960,
      UNA PRUEBA DE CONFIANZA

Por Manuel Suárez Braun

Cuánto confiaban en esos tiempos los comerciantes de Penco en sus clientes puesto que entregaban sus productos día a día, mes a mes con el sistema de “LA LIBRETA”. 
         La población de Penco trabajaba básicamente en CRAV  o en FANALOZA y sus empleadores les proveían con el servicio de “pulperías” donde las familias podían abastecerse para satisfacer sus necesidades pagando a fin de mes su consumo por el procedimiento de “descuento por planilla”. 
    Baste decir que el camino de Penco a Concepción era sumamente elemental, grandes barriales en invierno, micros empantanadas, con servicios de movilización poco frecuentes. Aparte de las micros contábamos con el tren. A las 7:30 hrs. pasaba el local que hacía el servicio de Tomé a Concepción; a medio día teníamos el ramal de Chillán a Concepción.  Para regresar a Penco estaba el  local Concepción a  Tomé más o menos a las 15:00 hrs. y a las 17:30 pasaba  ramal en su viaje de retorno a Chillán.  Las opciones no eran muchas. 
       El comercio en Penco era por entonces razonablemente bueno: Había grandes almacenes como Gardella, Zunino, Mancinelli, Boeri, Monteghirfo, los almacenes  Chile y Meliton y también otros menores. 
      Las panaderías eran la de don Armando Cofré, Lux de la familia Melo y la de los Riffo en calle “El Roble” entre Carreras  y Cruz que cerró sus puertas debido al terremoto de 1960. En cuanto a las carnicerías estaban las de Don Manuel Ulloa (El Roble/ Las Heras) la de Valezuela (O’Higgins/El Roble) la de don Jacinto Maldonado y José Riquelme, ambas estaban en el mercado municipal además de otras que no recuerdo. 
    Ferreterías, había una sola, “El  Ancla”, del señor David Queirolo (El Roble/Las Heras),  donde podían comprarse muchos artículos de construcción: cemento, cal, clavos, tornillos, fierros, alquitrán, creosota y un sin fin de otros productos. Era el proveedor de los hombres de campo: arados, azadones, palas, horquetas, picotas y además herraduras con sus clavos para bueyes y caballos. 
   Para los efectos de este relato, los negocios que daban este servicio tan particular eran panaderías y carnicerías, el mecanismo era muy sencillo: una  LIBRETA  donde el comerciante anotaba en cada ocasión el valor de la mercadería entregada y a su vez copiaba la misma información en un cuaderno que quedaba en el almacén. Los clientes cancelaban su consumo sin falta los fines de mes cuando recibían los sueldos y jornales de sus empleadores.
La desaparecida Ferretería El Ancla, propiedad de don David Queirolo.
      Supongo que nadie dejaba de pagar para conservar su  “crédito” con el proveedor y háganse también cargo de la confianza que el comerciante depositaba en su cliente asumiendo que le pagaría sin falta a fin de mes.
     Las farmacias “PENCO” de Don Óscar Olavarría y “MÉNDEZ” de don Luis Méndez aplicaban también un sistema parecido, la variante era que tenían convenios con CRAV y FANALOZA. Ellos entregaban los medicamentos que venían respaldados por una autorización emanada del empleador y recaudaban enviando su cobranza a la empresa la que descontaba estos valores de la remuneración mensual de los trabajadores que habían hecho uso del crédito. 
     Tomen nota, amigos lectores, que por esos años no existían las tarjetas bancarias ni de las de grandes tiendas como ocurre en la actualidad. 
     La pavimentación del camino Penco-Concepción, el aumento de la población de Penco que trabajaba en Concepción, el incremento sustancial de los servicios de locomoción que brindaban los señores Nova, Navarrete, Núñez y después la Empresa de Transportes Colectivos del Estado, conjuntamente  con el  establecimiento de los supermercados en Penco –grandes y chicos-  fueron hechos importantes que incidieron en el  fin de este particular sistema de pago CON LIBRETA  que nos acompañó por tantos años. 
  Reconozcamos la confianza de los comerciantes y la honorabilidad de los clientes que hicieron posible que este sistema comercial tan sui generis funcionara a la perfección.                                                          

Friday, June 23, 2017

CINCUENTENARIO DE IGLESIA METODISTA PENTECOSTAL DE PENCO INCLUYÓ EL LANZAMIENTO DE NUEVO LIBRO DE BORIS MÁRQUEZ OCHOA

NOTA DE LA EDITORIAL: Con numerosas actividades la comunidad evangélica Metodista Pentescostal de Penco (calle Los Olivos) celebró su primer cincuentenario. Entre ellas, hubo actos oficiales, sociales y el lanzamiento de un libro conmemorativo, escrito por el historiador Boris Márquez Ochoa. El autor nos ha hecho llegar un artículo informativo que narra aspectos del libro y de las celebraciones. La nota la publicamos a continuación:  
Portada del libro.
En el contexto de las celebraciones del medio siglo de existencia de la Iglesia Cristiana Metodista Pentecostal, ubicada en calle Los Olivos número 51, el domingo 21 de mayo pasado se presentó a la congregación, autoridades eclesiásticas y civiles de la comuna el libro “Un templo a la vera del mar: 50 años de la Iglesia Cristiana Metodista Pentecostal de Penco 1967 – 2017”.
El autor del libro Boris Márquez Ochoa, durante en lanzamiento de su libro.
El texto conmemorativo presenta una relación pormenorizada del tránsito de una comunidad religiosa, que bajo el amparo de su amor a Cristo y al prójimo ha construido una historia de caridad y de compromiso social con la comunidad. Miles de fieles han sido y son parte de esta larga tradición evangélica, que en el puerto se asentó desde fines del siglo XIX, con la predicación de Juan Canut de Bon, como se describe en la obra histórica.
El Alcalde Víctor Hugo Figueroa entrega reconocimientos a los pastores Daniel Márquez V. y Roxana Ochoa C.
El autor, Boris Márquez Ochoa, es magister en Historia por la UdeC y Director de la Biblioteca Municipal de Concepción José Toribio Medina, es pencón y miembro de la Iglesia Evangélica. Este es el cuarto libro que edita rescatando nuestro rico pasado regional. El joven y prolífico investigador nos cuenta sobre su obra: “el texto es un tributo a los pioneros del movimiento pentecostal en Penco que con mucho sacrificio y pocos recursos dedicaron sus vidas a la predicación del Evangelio de Jesús y a la ayuda social en Penco. El libro contiene páginas alegres de estos hombres y mujeres que en sus diferencias y carencias construyeron una comunidad que ayer fue resistida y hoy valorada y querida, de la cual soy un feliz miembro”.
La obra profundiza en la década del 40 del siglo XX en el recinto minero el Rosal de Cosmito, cuando el pastor Esteban Márquez Valenzuela presidiera un templo de la Iglesia Metodista de Chile y tras el cierre de la mina fundara junto a un grupo de hermanos la Iglesia Los Olivos en 1967, a la vera de la bahía de Concepción.

El Te Deum evangélico en conmemoración del cincuentenario de la Iglesia recibió la visita de autoridades así como diversos reconocimientos a la congregación. Víctor Hugo Figueroa, Alcalde de Penco, entregó un galvano a los actuales pastores, Daniel Márquez V. y Roxana Ochoa C., en reconocimiento a la labor pastoral. Por su parte, la Sociedad de Historia de Penco, representada por su Tesorero Manuel Suárez Braun, presentó una placa conmemorativa por la célebre historia de la comunidad y un discurso que emocionó a la feligreses.
Dos fotos históricas de los Metodistas Pentecostales, arriba un aspecto de la congregación pencona en 1976; y abajo, el fundador Esteban Márquez  Valenzuela durante una prédica al aire libre en Cerro Verde Alto (1986, aprox.).
Deseamos que la historia del movimiento evangélico siga creciendo en la comuna de Penco y más historias de estas comunidades se den a conocer.

MENSAJE DE LA SOCIEDAD DE HISTORIA DE PENCO

El siguiente es el discurso leído por Manuel Suárez Braun, Tesorero de la Sociedad de Historia de Penco, durante el acto de celebración:
                     Pastor presbítero Sr. Daniel Márquez.
                     Obispo iglesia cristiana Metodista Pentecostal Sr. FranciscoRivas.
                     Sr. Presidente concilio de pastores Penco-Lirquén Sr.Pedro Seguel.
                     Pastores y Pastoras invitados de Chile.
                     Congregación iglesia  los Olivos.
                     Sr. Alcalde don Víctor Hugo Figueroa y autoridades Comunales de Penco.

    Tengo el honor de representar en este acto a la Sociedad de Historia de Penco, una sociedad que reconoce y pone en relieve el patrimonio material e inmaterial de nuestra ciudad, además de difundir la historia de Penco.

     En esta ocasión y con gran afecto queremos adherir a la celebración de los cincuenta años de vida de la Iglesia Cristiana Metodista Pentecostal de Penco. Fueron cincuenta años dedicados a la predicación del evangelio de Jesucristo, con gran compromiso social hacia la comunidad de Penco.

     También queremos honrar la memoria del Pastor Sr. Esteban Márquez Jarpa quien tuvo la feliz idea de establecer esta Iglesia en nuestra ciudad hace cincuenta años.

     Como testimonio de nuestra adhesión, tenemos el agrado de entregar a este templo una placa en recuerdo de su aniversario, donde se relatan brevemente los hitos de su fundación.
Manuel Suárez Braun durante la lectura de su mensaje.

     Soy desde mi nacimiento un vecino de este pueblo y puedo dar fe que las Iglesias Evangélicas fueron muy discriminadas, pero no se dieron por vencidas,  trabajaron con mucha dedicación, difundiendo sus ideas, haciendo predicaciones de textos bíblicos en las calles de Penco por muchos años.

     También trabajaron con mucho tesón y entusiasmo en establecer las escuelas dominicales para las familias, a las que asistían desde niños hasta adultos. Dedicaron los domingos, un día no laboral, a la formación cívica, a la educación de sus feligreses, impartiéndoles buenas normas de conducta que lograron formar ciudadanos responsables, respetuosos del buen vivir, profundamente solidarios y siempre fieles a su iglesia.  Saludo este esfuerzo; hoy las iglesias evangélicas han logrado que  un 20 % de la población nacional, esparcida por todo el territorio, abracen la fe evangélica  y  asuman tareas solidarias con las comunidades donde están establecidas.
    
     Las iglesias evangélicas ahora gozan de legitimidad social, política y cultural.

     Que distinto fue en el pasado cuando la discriminación se hacia presente hasta en los cementerios, así ocurrió también en Penco.  Haber sido testigos de ello nos marcó profundamente a mi hermano y a mí siendo muy niños.

     Pongamos nuestra atención y esperanza en el futuro,  enterremos los acontecimientos impropios del pasado y tengamos fe que se puede aspirar a mejores tiempos.

     Se lo deseamos todos de corazón. Para ustedes  nuestras felicitaciones por lo que han logrado y que tengan un feliz aniversario además  una vida larga, sana y dichosa.

     Un afectuoso abrazo para todas y todos.
  
                                                                Manuel Suárez  Braun


Penco, 21 de Mayo de 2017.-
   

Monday, June 12, 2017

EN 1956 LA COMUNIDAD DE PENCO GOLPEÓ LA MESA AL PODER EJECUTIVO

Hay pocos ejemplos en la historia local que se puedan comparar a la reacción coordinada de la comunidad frente a la desfavorable situación económica que vivía Penco en 1955. Sólo se le acerca en el nivel de incertidumbre la crisis por el escándalo de Loza Penco bajo la propiedad de Palma Matus en los noventa. Fue así que el 24 de enero de 1956 el diario El Sur incluyó la noticia procedente de Penco de la formación de un comité transversal tanto de partidos políticos como de organizaciones de trabajadores bajo el título “Constituido en Penco el Comando Político-Gremial de Empleados y Obreros”. Con gran dignidad ese comité golpeó la mesa frente a las autoridades para expresar el malestar. Pero, en el fondo el documento era un grito colectivo de desesperación. Y planteó cinco exigencias que se expresaron en la prensa de la época en los siguientes términos:
“Solicitar al ejecutivo que se preocupe de resolver en forma definitiva el problema de la falta de mercado para el carbón del mineral de Lirquén, cuyas amenazas  de paralización son frecuentes de parte de la empresa. Si la industria no contribuye a su solución que el supremo gobierno la haga producir por su cuenta.”
Pues bien, la mina cerró en 1958 generando una gran cesantía en la comuna. Una de las causas del término de las faenas fue la inundación de las galerías subterráneas y, por cierto, la falta de mercado para el combustible. Sin duda la clausura de la mina estaba ad portas cuando se emitió esta declaración pública de allí que se la incluyera como el primer punto del petitorio. Y fue claro que el gobierno no quiso hacerse cargo del problema.
El segundo punto señalaba: “Luchar junto a la CUT, el comercio y demás sectores afectados para que el ejecutivo retire el proyecto de congelación de precios, sueldos y salarios del Congreso Nacional”.
El presidente de turno era el general Carlos Ibáñez. ¿Habrá prestado oídos a este petitorio pencón?
El tercer punto decía: “Solidarizar con todos los gremios que tienen conflictos pendientes”.
La cuarta exigencia añadía: “Aumento de un 50% sobre el alza del costo de la vida registrado en 1955 para los sueldos y los salarios…” Sin someter esta petición a un análisis más profundo era evidente la gravedad del problema económico que enfrentaban la comuna y el país.
Y quinto punto: “Luchar en contra de todo atentado a la libertad de expresión y defensa del régimen democrático y derogación de la Ley de Defensa de la Democracia". El cuerpo legal también conocido como Ley Maldita estuvo vigente desde el 3 de septiembre de 1948 hasta el 6 de agosto de 1958. Excluía a los comunistas del ordenamiento político y los perseguía. La mencionada ley fue promulgada por el presidente Gabriel González Videla.

La nota de prensa que citamos no menciona nombres de dirigentes involucrados en este petitorio. Sin embargo, el tenor del texto revelaba una preocupación generalizada, acentuada por la incertidumbre del inminente cierre de la mina de Lirquén.