Tuesday, December 12, 2017

PINTURAS DEL ARTISTA JOSÉ VERGARA EN EL MUSEO DE PENCO

El artista plástico José Vergara y el director del Museo de la Historia de Penco, Gonzalo Bustos.
       En el museo de Penco permanece abierta la exposición de óleos del artista pencón José Vergara, con una de sus series de trabajos, en este caso los “falansterios”. Las pinturas despliegan una  plástica subjetiva que nace de las vivencias de su autor, pero a partir del concepto histórico de una sociedad utópica sin propiedad privada concebida en Francia en el siglo XIX y que teorizó Charles Fournier. Las obras de Vergara --de formatos medianos y grandes-- evocan una arquitectura para la vida colectiva, soñada por Fournier, que incluyen construcciones oníricas de gran factura, manejo del color, sentido del equilibrio con acento en la hipérbole pero que, al mismo tiempo, dejan la puerta abierta a la imaginación del espectador.
Un aspecto de la ceremonia de lanzamiento de la muestra "Falansterio". A la derecha, el autor, José Vergara.

     La exposición de Vergara, siguió a la exitosa muestra fotográfica de noviembre de la fotógrafa de Penco Cristina Suárez Ferrada, que incluyó escenas y postales de un interesante recorrido por Chile.
  El lanzamiento de la serie falansterios se realizó ante gran concurrencia el martes 5 de diciembre de 2017. El espacio del museo donde se pueden apreciar los cuadros es muy apropiado por la facilidad de acceso para el público y las inmejorables condiciones de luz, hecho que fue valorado por el pintor.
José Vergara con un grupo de concurrentes al lanzamiento de "Falansterio".
   José Vergara Aravena es licenciado en Artes Plásticas mención Pintura de la Universidad de Concepción. Se ha desempeñado como docente de Artes Plásticas en el Departamento de Educación por el Arte, de dicha casa de estudios, al igual que en otros centros culturales de la región. Desde 1980 a 2014 desarrolla su labor profesional en el Museo de Historia Natural de Concepción, donde tiene acceso en su trabajo diario a un mayor conocimiento de la arqueología y el patrimonio histórico-arquitectónico nacional, hecho que lo motiva a introducir elementos de estas temáticas en su producción plástica. Actualmente desarrolla funciones como asesor museográfico del Museo de la Historia de Penco.​


Algunos aspectos del lanzamiento de la exposición.
 Nota de la Editorial: Las fotografías y la información contenidas en esta crónica fueron facilitadas por Gonzalo Bustos, director del Museo de la Historia de Penco; y por José Vergara autor de las obras de la presente muestra.

Saturday, December 09, 2017

HISTORIA DE LA POBLACIÓN JUAN PÉREZ FLORES DEL SECTOR CEMENTERIO

NOTA DE LA EDITORIAL. El siguiente texto, preparado por Juan Espinoza Pereira, pencón radicado en Copiapó, es una retrospectiva de las vivencias de un niño en una población de los cerros de Penco en la década de 1960. El relato en primera persona incluye emotivos recuerdos los que en forma de una crónica los comparte con nuestros lectores. Agradecemos su interesante colaboración.
1964, con los primeros pobladores realizando las mediciones de los sitios para la futura Población Juan Pérez Flores.
LA POBLACIÓN JUAN PÉREZ FLORES DE PENCO
(Bajo la mirada de la matriohistoria)

Por Juan Espinoza Pereira, Copiapó

                              Por este norte desconocido estamos celebrando los 273 años de la ciudad de Copiapó, bajo un sol abrazador (08 de diciembre) y recordando nuestro pueblo origen y sus ritos pencones, como por ejemplo descansar bajo una parra cargada de uva listas para ser consumidas por los próximos sureños que arribarán a nuestra casa para Navidad y Año Nuevo. Bajo esta parra recordamos nuestras poblaciones, para mí la Juan Pérez Flores que nos cobijó por años y a través de este escrito quiero rendir un sentido homenaje a quienes hicieron posible este gran sueño de la casa propia  allá por años ’60.
                              La Población Juan Pérez Flores   --al lado del Cementerio Parroquial de Penco--, ahí un grupo de niños jugábamos y soñábamos mundos mejores; ahí mirando la bahía de Penco, el centro y los cerros con casas que rodeaban a esa inmensa ciudad a nuestra vista pequeña  desde unos de los  cerros, una hermosa ciudad llena de secretos y lugar obligado de visita para los fines de semana, en especial para el verano y las fiestas.
                              Nuestra población se gestó a partir del sueño allá por años ‘60 de un grupo de soñadores loceros que habían emigrado de diferentes lugares: del campo (Guariligüe, Treguaco, Coelemu, Florida, Arauco, Roa, Santa Rita), o de alguna caleta (Tumbes, Tubul, isla Guarello); y quienes querían establecerse cerca de la fábrica que les daba el sustento.
                              Aquellas personas que avecindaban en Penco venían colmadas de sueños de superación, por ejemplo, como vencer la pobreza del campo, ser alguien en la vida, olvidar las humillaciones vividas en los fundos o, en casos más extremos, como vencer el hambre. Ya se habían insertado en la empresa locera haciendo sanitarios, azulejos, cajones para empacar las  exportaciones; otros, cargando sílice  para las lozas en general desde la isla Guarello; otros transportando los productos del campo para la pulpería, etc. Estos pioneros querían tener la casa  propia  y se atrevieron a dialogar  con ese gran hombre filántropo  pencón,  Juan Pérez Flores para pactar la venta de un terreno para la población que albergaría a 40 familias loceras, lo cual se concreta por allá  en 1965. Los pioneros demarcaron los sitios para la futura población, que en honor al filántropo pasaría a llamarse  Población Juan Pérez Flores.
                              Ya en los años ’70, familias tuvieron el privilegio de construir sus propias casas, que en la actualidad conservan la misma estructura; poco a poco fueron llegando las familias: Parra, Roble, Escanilla, Cortés, Escobar, Oviedo, Retamal, entre otras. ¡Bravo por aquellos pioneros! Luego se pobló de niños y niñas que jugaban en el cementerio, en los bosques del señor Roa, en la casa embrujada (actual Corhabit); bañándose en la playa de Gente de Mar, en Cerro Verde Bajo y como  si fuera un viaje al extranjero: en la playa de  Lirquén.
                              La  Población Juan Pérez Flores fue la cuna donde muchos que soñaron mirando la ciudad desde la altura y que forjaron sus vidas que los llevó a unos a emigrar y a otros a convirtirse en obreros o profesionales y que aún viven en Penco; la Tercera Ciudad más antigua de este Chile. Muchos la mirábamos desde lejos, pero añorando las tardes de juego: las pichangas de fútbol, el paquito librador, el caballito de bronce, la escondida, el quechi; o simplemente los cuentos de don Pedro Escanilla, el acordeón de la familia Monroy, las peleas de cabros chicos. Para ser sincero, el centro de Penco era visto como algo inalcanzable, se miraba como un viaje al igual que ir a Concepción.
Fiesta de loceros en la década de los '80, en primera fila aparecen los primeros pobladores de la Juan Pérez Flores.
                              Quienes pertenecemos a la primera generación de la Población Juan Pérez Flores fuimos testigos de la construcción de sus primeras calles, sus veredas, los primeros cierres perimetrales, las mediaguas que fueron reemplazadas por las casas, el acarreo de agua desde los pozos cercanos, las casas alumbradas con velas o chonchones, los inviernos barrosos, los juegos en el cementerios, los hippies limpiando el cementerio para noviembre, etc.
                            Un abrazo a la distancia a todos los que pertenecen a la primera generación de la gran Juan Pérez Flores, desde el desierto de Atacama y comiendo uva.
Las uvas tempraneras del parrón del patio de Juan Espinoza P. en la ciudad de Copiapó.

Monday, November 06, 2017

PENCO TUVO UNA FIESTA DE 4 DÍAS EN EL INICIO DEL VERANO DEL 56

         
    
               Estuvo muy peleada la elección de reina de la primavera en Penco durante diciembre de 1956, según se deduce de los artículos publicados en el diario El Sur. El segundo recuento del 2 de ese mes arrojó un claro resultado, que Beatriz Villalobos ocupaba un inalcanzable primer lugar con más de veinte mil votos. Le seguían de lejos las otras postulantes. Maritza Mignolio reunía poco más de once mil preferencias. Más atrás en la lucha por la corona de la belleza pencona estaban Sara Segovia, Ligia Stowhas, Yolanda Bulhozer, Edith Concha, Gladys Peters, Erika Müller y Victoria Treuer. A veinte días del escrutinio final nadie esperaría sorpresas. Pero, las hubo, porque se sabía que más de una candidata “tapadita” estaba lista para arrebatar el preciado primer puesto.
               El artículo de El Sur de ese día advertía que la ventaja momentánea obtenida por Beatriz Villalobos se debía al trabajo conjunto desplegado por los comités de apoyo a su candidatura de los sindicatos de empleados y de obreros de Fanaloza. Estaba más que claro que todavía no había dado la pelea el comité en formación de la Refinería de Azúcar. Una de sus candidatas (el diario no dio su nombre) gozaba de muchas simpatías en varios sectores de Penco. Por su parte el comercio local que no quería ser menos trabaja fuerte en favor de Martiza Mignolio, quien por el momento ocupaba el segundo lugar.
               El próximo recuento de votos estaba anunciado para el 9 de diciembre, el que se realizaría en el cuartel de bomberos, se anunciaba una presentación de las candidatas y se elegiría al rey feo. En este último acto que se llevaría a cabo en la plaza de Penco actuarían el orfeón de CRAV y la orquesta del Regimiento Chacabuco, entonces dirigida por el recordado maestro Adriano Reyes.
               Fue así que al término de la reñida competencia --¡sorpresa!-- obtuvo el primer lugar Alicia Müller Jara, quien de ese modo se coronó Reina de la Fiestas Primaverales de Penco 1956. Las festividades se iniciaron la noche del 20 de diciembre con una “verbena” en la plaza y un paseo veneciano por el estero. En España se denomina verbena a la fiesta del solsticio de verano del hemisferio norte para el día de San Juan. Algo parecido se celebraba acá. El programa continuaba el 21 con la gala, la coronación de Alicia I y una velada bufa en el gimnasio de la Refinería. Al día siguiente, una gran gala en el mismo recinto y  un baile popular en la calle San Vicente, entre O’Higgins y Las Heras.  El cierre de las fiestas primaverales era el domingo 23 de diciembre con un concurso de murgas y disfraces en la plaza de Penco y un gran baile con invitación a todos los vecinos.

Saturday, November 04, 2017

CHILLÁN AÚN GUARDA PERFILES URBANOS QUE UNA VEZ TUVO PENCO

              
Pabellones similares a los que hubo en Penco aun quedan en Chillán, en avenida Palermo cerca de la medialuna.
            Construidos por el gobierno después del devastador terremoto de 1939, los pabellones de emergencia de Penco fueron un clásico de la ciudad en la esquina de Alcázar con Freire. Los hicieron siguiendo un patrón –como todo lo que emprende el estado—que se aplicó donde fue necesario: los pabellones de Manuel Rodríguez en Concepción; los de la avenida Palermo en Chillán (las tres fotos) cerca de la medialuna. El mismo estilo sirvió para la edificación de colegios públicos (como el que se incendió en Freire al lado del mercado, las escuelas N° 31 y N°32) o para levantar hospitales como lo fue el de O’Higgins y Yerbas Buenas. Eran todas edificaciones de madera nativa, con muy buenas terminaciones, baños higiénicos, cocinas.
               La planta de una casa de esos pabellones incluía un corredor techado, con piso de cemento y un poste en el medio. Sin duda, creado para que los moradores pudieran habilitar uno nuevo espacio cerrado. Dos ventanas y una puerta con ventana. Dos piezas grandes unidas por una puerta para el uso de una cortina divisoria; hacia la parte posterior había un corredor techado también parecido al de la entrada, pero de menos superficie pensado para otra habitación que bien podría ser un comedor del diario. En la segunda mitad, hacia un costado estaban el baño, con ventana al exterior y una cocina con “pollo”(*) también dotada de ventana. A ella se accedía por un pequeño pasillo entre la parte posterior del baño y la segunda pieza grande. Sobre el “pollo” había una enorme campana de latón que extraía los humos por una chimenea.
               Más atrás había un patio multipropósito, había gente que construía más piezas y otros que lo usaban para huertas, gallineros o espacio para tender ropa. Esa superficie debió tener 5 x 7 metros. El techo de los pabellones estaba cubierto de planchas de asbesto cemento fabricadas por Pizarreño. Canaletas conducían las aguas lluvias hasta el suelo.
              
Estas casas de Chillán, iguales a las mencionadas en este texto, tienen casi 80 años.
El interior de esas  casas, era interesante además por la altura que tenían las piezas, probablemente 3 metros 50 centímetros. Hoy en día los departamentos apenas pasan de los 2 metros 20 centímetros. Los hicieron altos seguramente para disipar posibles concentraciones del gas monóxido de carbono producto del uso de braseros a carbón vegetal.  Al frente había una vereda angosta que facilitaba el desplazamiento de los vecinos, todos gente conocida por año, por vidas enteras.

               Los pabellones de emergencia de Penco –¿por qué no les pusieron un nombre?—fueron dos unidades de diez casas cada una, que estaban dispuestas en paralelo a la calle Freire.  En total veinte familias vivían allí. Cuando llegó el gobierno de la Unidad Popular, se decidió construir un proyecto inmobiliario para los moradores de los pabellones y para otros grupos de poblaciones a fin de mejorar los estándares de vida. Fue así como nació la actual remodelación de Yerbas Buenas, Cochrane, Blanco y línea férrea. El gobierno de la época llamó a esa población “Ñancahuazú”, evocando en lugar de Bolivia donde murió el Che Guevara. Cuando llegaron los militares, las nuevas autoridades de la vivienda le cambiaron el nombre por el actual  “Lord Cochrane”.
La avenida Palermo de Chillán guarda aún el perfil de las casas del estilo de los pabellones de emergencia de Penco.


(*) Pollo, término empleado en esos años para significar una estructura tipo barbecue actual donde se encendía fuego y las ollas, sartenes o teteras quedaban expuestas a la llama directa sobre una parrilla rústica.

Friday, October 27, 2017

LOS NIÑOS VAGOS, UN PROBLEMA PAÍS DE LOS AÑOS 50 QUE NO GOLPEÓ A PENCO

 
Foto de Sergio Larraín sobre niños de la calle captada en Santiago, 1955. (Times).
              Los niños de 10 o 12 años citados en la crónica del diario El Sur sobre vagancia infantil en Concepción, de 1955, al día de hoy (de la publicación de este post) tendrían 60 o 62 años. No sabemos quiénes son o quiénes fueron o si los rescataron y habrán reencausado sus vidas. Ni siquiera imaginamos que haya algún registro de monitoreo. Pero, ellos fueron las víctimas de un problema social grave: el desamparo infantil (no muy distinto del actual). Esas bandas de niños limosneros –como lo señalaba el diario--, que pedían alguna moneda a los transeúntes del centro de Concepción, afortunadamente no existieron en Penco. Acá se formaban pequeños grupos de niños que se disolvían poco después de entrada la noche: calabaza, calabaza…
             Los niños vagabundos de Concepción, y de muchas otras ciudades de Chile, como indica esta crónica, no podían decir “calabaza” porque no tenían adónde ir o quién los esperara y recibiera. Se criaron con esa terrible carencia, la que después se convirtió en una mochila para sus vidas. Por culpa de la sociedad perdieron la gran oportunidad para haber salido adelante. Pese a todo, es posible que alguno lo haya logrado aunque eso tampoco lo sepamos.
Niños de la calle, Larraín, Stgo. 1953.
             El diario cita en su nota al juez especial de menores Samuel Gajardo, quien afirmó: “la vagancia y la mendicidad ejercida por niños sólo tiene una solución: crear hogares que los reciban dándoles el afecto familiar del cual carecen”. Y El Sur agrega por su parte: “En Concepción existen algunos que han logrado recoger a un escaso número de pequeños vagabundos y están realizando con ellos una tarea de readaptación al medio y de reeducación”. Dichos hogares eran “La Ciudad del Niño Ricardo Espinoza”, el “Hogar Valentín Letelier” y el “Centro de Defensa del Niño”.  Pero, una cifra alta de menores quedaba afuera, a la intemperie, porque los recintos mencionados no alcanzaban para todos.
               Añadía el diario: “El problema que afecta a los menores desamparados a quienes se ve diariamente pulular por las calles de Concepción, en demanda de la caridad pública, no ha encontrado solución integral pues son insuficientes las instituciones encargadas de la defensa y protección del niño.
               Finalmente decía El Sur, remarcando el drama de aquellos menores:
NIÑOS VAGOS EN CONCEPCIÓN
           "El problema de la vagancia infantil ha adquirido mayor gravedad durante el último tiempo en Concepción, donde se ven diariamente y especialmente en la noche deambular por las calles céntricas bandas de niños desarropados que se dedican a asaltar prácticamente al transeúnte solicitándole una ayuda de cualquier índole.”
     
Foto Memoria Chilena.
“Estas mismas bandas de niños se dedican en horas de mayor movimiento a actos punibles que se hace difícil evitar. Si son detenidos, no hay establecimiento donde recluirlos y después de una noche en la comisaría deben forzosamente ser puestos en libertad.”

               “Hasta hace algunos días varios de ellos practicaban los más variados juegos de azar en el quiosco de la Plaza Independencia, cerca de la medianoche. Y posteriormente otro grupo de niños y niñas en pleno centro presentaban un doloroso espectáculo en estado de ebriedad. Ninguno tendría más de diez o doce años.”

Wednesday, October 25, 2017

CERRO VERDE VIVIÓ LA EXPERIENCIA DE AÑOS DE "ZONA SECA"

Vista reciente de Cerro Verde.
               Cerro Verde vivió en régimen de zona seca, por un decreto dictado por el gobierno del entonces Presidente Gabriel González Videla. La resolución que impuso la drástica medida se fundó a partir de un informe emitido por la Prefectura de Carabineros por contravención del artículo 132 de la Ley de Alcoholes (dicho artículo se relacionaba con exigencias de la instalaciones de los depósitos de esas bebidas). A lo anterior se agregó un documento emanado por el Servicio Nacional de Salud de Concepción en atención a problemas de salubridad pública en ese sector pencón. Tres años más tarde a la imposición de la categoría de zona seca, el alcalde de Penco de la época, René Mendoza Fierro, despachó un oficio, que llevaba el N° 164 del 24 de junio de 1955, a la intendencia penquista y al Ministerio del Interior para que se derogara el mencionado decreto. Y para respaldar su solicitud, el jefe comunal dio argumentos.

                    Los considerandos de la nota oficial ponían énfasis en que no eran válidas las causales esgrimidas para mantener la sanción. El alcalde informaba que en área afectada por la vigencia del decreto había tres depósitos de vinos y otros tres de cerveza, que eran amplios y contaban con abundante agua, luz eléctrica y servicio de alcantarillado. (Se supone que en virtud de la prohibición esos locales no atendían público). Agregaba el oficio que sería muy distinto, que en Cerro Verde hubiera casas de pensión, hoteles o restaurantes, pero que ese no era el caso. En consecuencia no tenía sentido mantener la medida restrictiva. El municipio puso en evidencia además que desde la entrada en vigencia de la ley seca, se habían hecho mejoras importantes en el villorrio, incluido en la zona urbana de Penco. Correspondía, por tanto, derogar ese decreto. 

Nota de la editorial: la información de este artículo se obtuvo del diario El Sur, de julio de 1955.
Otro ángulo del conocido "villorrio" pencón.

Tuesday, October 24, 2017

BRILLANTE FUE LA INAUGURACIÓN DEL GIMNASIO VIPLA, HACE 62 AÑOS

               
El Orfeón CRAV, con su director señor Candia a la cabeza, marcha en Lirquén. La banda participó en la inauguración del gimnasio VIPLA en 1955. 
         El sábado 2 de julio de 1955 se inauguró el moderno gimnasio de la Fábrica Vidrios Planos en el recinto de la población de empleados de esa empresa en Lirquén. La nueva instalación deportiva estuvo considerada como una de las mejores del país de esa época por la tecnología empleada en su construcción, sus dependencias y las excelentes facilidades para el público. Así fue consignado en una publicación del diario El Sur, del lunes 4 de julio de ese año. Todos los honores de este acontecimiento se los llevó la empresa VIPLA que echó la casa por la ventana para ofrecer a las diversas asociaciones de la zona esta nueva cancha. En este acto oficial hizo uso de la palabra el presidente del club dueño de casa, señor José Jullien, quien entregó formalmente a la comunidad este gimnasio, una maravilla para el deporte de esos años.
               La inauguración fue una verdadera fiesta deportiva para Penco, Lirquén y Tomé, puesto que se programó un espectáculo de baloncesto nunca visto en la comuna.  A primea hora se midieron los quintetos masculinos de VIPLA y Carlos Werner (Bellavista) de Tomé. La visita se impuso por la cuenta de 24 a 20. A continuación se midieron los representantes femeninos del Werner y el María del Río de CRAV. También ganaron las visitantes por el abultado scorer de 30 a 3. A modo de disculpa dirigentes del equipo refinero dijeron que se debió enfrentar este compromiso sin las jugadoras titulares, con un cuadro formado de manera improvisada. El match de cierre lo protagonizaron los quintetos de Carvallo de CRAV y un reforzado Victoria de Chile de Concepción. Se impusieron los penquistas por 45 a 34.
               Esta jornada inaugural del gimnasio de VIPLA fue amenizada por la banda de música de la Refinería de Penco, el Orfeón CRAV,  bajo la batuta del director, señor Candia. La fiesta terminó con una manifestación para autoridades, delegaciones e invitados especiales en los que reinó una gran camaradería, informó finalmente el diario El Sur.