Monday, August 14, 2017

LA CALLE TALCAHUANO DE PENCO: VÍA DE INTENSO TRAJÍN INDUSTRIAL


Foto de comienzos del siglo XX. Se observa en el suelo el tendido de líneas en la esquina de O'Higgins y Talcahuano. 
     Por décadas, la calle Talcahuano fue una prolongación de la Refinería. Era, si se quiere, la industria cruzando la ciudad. De la esquina de O’Higgins a la línea de ferrocarriles, fue un tramo abierto, expuesto ante la comunidad. Ese segmento de la calle tenía un tendido de rieles sobre durmientes para el tránsito de vagones ferroviarios. Entre Freire y la línea, la calle se encajonaba entre grandes bodegas, por ambos lados. Y cruzando el trazado del tren Concepción-Tomé, la calle se convertía en un muelle industrial, que se prolongaba unos 450 metros mar adentro.
     No es necesario tener mucha imaginación para visualizar el panorama: una calle de servicio industrial. Sólo una cuadra tenía casas por ambos costados, esto era entre Las Heras y Freire. Porque saliendo de la Refinería hacia el muelle, estaba la cancha o el fortín por un lado y por el otro un sitio baldío con una pequeña elevación, donde hoy en día hay un colegio. Y el tramo entre Freire y el comienzo del muelle era solamente bodegas.

    
Las antiguas bodegas de Duncan Fox, mayormente al servicio de CRAV, por calle Talcahuano. En la foto de más arriba, tenemos una toma opuesta. Se ve  en perspectiva la mencionada calle con su tendido de líneas  desde el comienzo del muelle.
Por tanto calle Talcahuano fue de uso casi exclusivo de la Refinería. A saber pasaban trenes con sus pitazos, rechinar de fierros, traqueteo metálico contra los rieles y el humo exhalado por sus locomotoras. Cierto era que no iban a toda velocidad, sólo a la vuelta de la rueda. Pero, ahí estaban los trenes entrando y saliendo de la fábrica con alguna frecuencia. El resoplido de los cilindros de las máquinas arrojaba vapor a presión impregnado de grasa y aceite hacia la calzada y hacia la vereda. Por tanto, a la postre ambas resultaban embadurnadas de una persistente película negra. La calle emitía olor a esos ingredientes. Si bien, la Refinería se encargaba de cuidar el aseo, por lo general había carbón, que caía de las locomotoras. También se derramaba azúcar cruda cuando se rompían los sacos porque algún muchacho se subía al tren en marcha para sacar un puñado de esa materia prima. En ocasiones se veían bielas o trozos de frenos metálicos botados junto a la vía.
     En la cuadra de Freire con la entrada del muelle existía cambio de líneas, o sea los trenes ocupaban la calzada completa. Por un lado cargaban o descargaban en las bodegas y por el otro, la vía seguía rumbo al terminal marítimo.

     La calle Talcahuano de hoy no tiene nada que ver con el bullicio, el traqueteo, los silbatos, la grasa esparcida en el suelo, los durmientes mojados por el vapor, y los trenes reclamando vía libre de aquellos años de la década del cuarenta, quizá los más activos y frenéticos de la Refinería de Penco.
En la foto se observa una sección de la Refinería de Penco con sus trabajadores. La planta  cerró en 1976.
  

Tuesday, August 08, 2017

AVENTURAMOS EL MÉTODO QUE PUDO USAR NUESTRA UNIVERSIDAD PENCOPOLITANA

     
La enseñanza durante la escolástica. Imagen tomada
de Wikipedia.
Si analizamos lo que dice la historia, que la Universidad Pencopolitana impartía clases gratuitas de teología, filosofía, arte, derecho y matemáticas aquí en Penco, podemos inferir que nuestra universidad real y pontificia seguía el modelo de la enseñanza escolástica. Aunque este método europeo de la academia, que se había iniciado en el siglo XII y que se prolongó hasta el siglo XVI, seguramente en esta alejada zona del mundo seguía vigente. Baste recordar que la U. Pencopolitana tomó cuerpo aquí a la luz de la congregación de los jesuitas en 1724, pero la idea de una universidad para Penco venía de sesenta y siete años antes, de 1657.
     La escolástica fue una corriente teológica y filosófica que imperó en occidente a lo largo de toda la Edad media y fue heredera de la Patrística que predominó en la Antigüedad tardía. Junto con las disciplinas indicadas, abordaba sus materias con la fe y la razón. Sin embargo, cuando se producían conflictos insalvables, predominaba la fe. En el aula universitaria de la época se mantuvo un lema, enunciado tanto por san Agustín como por san Anselmo: “la fe que busca comprender”. El método empleado consistía en la lectura de textos con un debate posterior respecto del contenido y la conclusión que, por lo general la formulaba el profesor. Sin duda, apelaba a la dialéctica y la retórica como una manera de razonar y demostrar. Esta fórmula escolástica fue exitosa durante la Edad Media hasta que se plantearon cuestiones que separaron a la filosofía de la teología y a la razón de la fe.
     Se dice que en las facultades de derecho se estudiaban los decretos imperiales; y en teología se analizaban la Biblia en profundidad, las obras de los padres de la Iglesia y el Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo.

    Sin embargo, carecemos de antecedentes acerca de la metodología académica usada en la Universidad Pencopolitana para afirmar lo anterior con certeza. Pero, es posible que no estemos muy lejos de intuir que los sistemas que se aplicaron en nuestra universidad, orgullo del pasado de Penco, fueron escolásticos.

Monday, August 07, 2017

PUNTO DE VISTA PENCÓN EN UN DIARIO DE LA ARAUCANÍA


NOTA DE LA EDITORIAL: El siguiente es el texto de la entrevista publicada en el diario El Correo del Sur que circula en la región de la Araucanía hecha al responsable de este blog de Penco.

Nelson Palma
"LA MISIÓN DEL PERIODISTA ES ORDENAR LA REALIDAD Y DARLE PERSPECTIVA"

Por Max Wenger

Profesiones y oficios requieren aptitud y vocación. Se podrá tener una de éstas, pero sin la otra el resultado no será el mismo o definitivamente no habrá resultado.


En el periodista Nelson Palma, de exitosa trayectoria en medios nacionales, se advierten con nitidez una vocación y una desbordante aptitud. Estudió Periodismo de la U. de Concepción, en los 60.

Con aparente timidez y sentido de la observación, captó en el aula el conocimiento y en los medios las experiencias de una pléyade de profesores, periodistas activos en Concepción, para luego progresivamente vivir desde dentro el periodismo radial, escrito, televisivo y también la docencia. 

Aunque su carrera se prolongó en la televisión en Santiago, sus vínculos con su nativo Penco y la zona penquista siguen permanentes. 

¿Cuándo se dio cuenta de su vocación? ¿Un periodista nace o se hace? 

Un periodista se hace, pero debe existir materia prima. Lo mío viene de mi niñez. Dos de mis profesores eran corresponsales en Penco de El Sur, el señor Leyton y el señor Espinoza. Tampoco olvido que un verano, sentados en la playa con mi madre vimos que andaba un reportero tomando fotos y que anotaba en una libreta. Y ella me dijo “tú podrías ser como él”… 

¿Quiénes fueron sus modelos y por qué?
Edison Grandón, periodista fallecido el
9 de junio de 2009.

Mi inspiración fue la radio. Sus relatos me abrían mundos. Recuerdo, por ejemplo, las descripciones que hacía Edison Grandón, enviado especial a Valdivia de radio Cóndor para el terremoto del 60. Oír sus despachos pausados, plenos de calma a la medianoche, me devolvían la fe. Narraciones de los viajes a la Luna de periodistas de La Voz de América eran electrizantes… Me gustaba la radio por ese don de la voz humana de llegar a tu mente, a tu corazón, a tu alma. 

¿Prefiere el periodismo de antes o el de ahora? 

Me gustan ambos. Ahora tenemos el periodismo digital, en vivo, con el valor del momento. Es difícil jerarquizar sobre la marcha. Antes, podíamos pensar una crónica y escribir. Igual, cuando la cosa no es “on line” volvemos a lo clásico. 

¿Cree en la objetividad, la independencia y el pluralismo en este trabajo? 

No existen en estado puro. El relato contiene la subjetividad de su autor. La independencia es una utopía porque dependemos de alguien a quien hay que rendir cuentas. En un diario debemos conocer su línea editorial. Y sobre el pluralismo, nunca seremos totalmente ecuánimes porque primero hay que atender a las mayorías, después podríamos oír otras voces. 

¿Qué opina del periodismo “de trinchera”? 

El periodismo se puede manipular. Pero, cuando la comunicación se vuelve propaganda, ya no es periodismo. Se da en política. El periodismo de trinchera no es serio porque habla desde la ideología. Y la gente se da cuenta. 

Las tecnologías de la información ¿favorecen o no al periodismo real? 

Sí, lo favorecen por la accesibilidad. Disponemos de un torrente de información con valor y sin valor. La misión del periodista es discernir, es ordenar la realidad, darle perspectiva. Si alguien no lo hiciera, sería un caos. Por eso, el periodismo es una profesión social relevante. 

“Escribir para uno mismo” dice en uno de sus blogs en internet. ¿Cómo interpreta esa frase? 

Ésa es una respuesta tardía a lo que una vez nos dijo el director de la Escuela de Periodismo, Alfredo Pacheco: “sólo teniendo un diario de uno, que lo haga completamente uno, podríamos escribir lo que quisiéramos”. Y ocurre que ahora el blog nos da esa opción. Pero, a diferencia del diario de vida de una adolescente, uno escribe para los demás, si no sería un monólogo. Escribir para uno es más bien una pregunta. No significa tener toda la cancha. Debemos respeto a los demás. 

¿Qué lo llevó a abrir un blog dedicado a Penco?
Cerro Verde, ¿una escenografía para un musical?
Fue una devuelta de mano a mi ciudad. En Penco, hay cuento en su playa, en sus cerros, en sus calles; Cerro Verde parece la escenografía de un musical; hay historias escondidas en Lirquén. Doy cabida a personajes que nunca tendrán un pedestal. Muestro a Penco para las generaciones futuras, para los antropólogos que investigarán en mil años más. Descubrirán que aquí vivió gente interesante, acogedora, sincera. Como lo mío no es ciencia histórica, me tomo licencia para mezclar, a veces, realidad y sueños o extrapolar cosas que pudieron ocurrir. 

¿Animaría a un joven incursionar hoy en el periodismo? 

Sí. Veo entusiasmo en mis alumnos en Periodismo de la U. Mayor en Santiago. Pero, ser periodista involucra trabajo, harta lectura y estar siempre en estado de alerta. 

Pitrufquén y Freire tienen un vínculo histórico con Penco, que usted ha traído a la actualidad. ¿Cuál fue esa relación? 

Hay dos antecedentes. El primero es económico. La planta refinadora de azúcar que hubo en Penco en el siglo XX tuvo un par de fundos acá: Coipue y Nueva Etruria. De ambos obtenía la madera para cajones, envases del azúcar y para mantener el muelle de la empresa. El otro nexo es cultural. Penco y Pitrufquén son las únicas ciudades que tienen estatuas creadas por el artista Hugo Pereira.
Egregia estatua en Pitrufquén que recuerda al combate de La Concepción, del arista Hugo Pereira.

Saturday, July 29, 2017

EL ALCALDE DE SAN MIGUEL, LUIS SANHUEZA BRAVO ES DE PENCO

   
Luis Sanhueza Bravo, pencón, alcalde de la comuna San Miguel.
 ¡
Qué gran sorpresa fue saber que el alcalde de un importante municipio de la capital es de Penco!
     San Miguel, con aproximadamente cien  mil habitantes, es una de las 35 comunas de la ciudad de Santiago. Pues bien, su actual alcalde, don Luis Sanhueza Bravo es pencón, hijo de don Remigio Sanhueza y de la señora Nora Bravo. Nació y creció en nuestra ciudad. Vivió veinte años en su casa de la población Perú, por calle Alcázar.  Para conversar con él, llamamos a la alcaldía de San Miguel, donde el jefe de gabinete Patricio Salinas, previa consulta, nos dio fecha para una reunión con el alcalde sanmiguelino. El encuentro quedó fijado para el mediodía del lunes 8 de mayo. Nos habían dicho que don Luis habla con emoción y agrado cuando el tema es su ciudad de origen y así pudimos comprobarlo.
     Al municipio sanmiguelino, ubicado en la Gran Avenida José Miguel Carrera N° 3418, llegamos a la hora. Cuando el jefe de gabinete nos hizo pasar al despacho nos vimos de frente con nuestro entrevistado. Sin embargo, antes de la presentación formal y el abrazo, Luis Sanhueza me dijo: “Tú vivías cerca de mi casa por Alcázar…” (Cierto).

     Y para entrar en materia añadió: “Este fin de semana voy a Penco”.  Tal fue una de sus primeras afirmaciones, luego del saludo cálido tan característico, natural y espontáneo de pencones en especial cuando se encuentran fuera del terruño. Porque ser pencones en el mundo es como pertenecer a una cofradía donde sus miembros comparten vivencias, nombres, lugares o fechas. Así, en una conversación cada cual aporta lo suyo y se va armando un cuento que los abarca a todos. De esa forma discurrió mi reunión con don Luis Sanhueza, quien tiene su padre, un hermano y otros familiares en Penco. Justamente visitarlos para estar con ellos era la razón del viaje que nos anunció de entrada.
     En la primera parte nos hizo un interesante relato de su gestión en San Miguel, subrayando su propósito de morigerar proyectos inmobiliarios que incorporaron un cierto desorden que restó a la comuna su carácter residencial que siempre tuvo. La define como un lugar hermoso, tranquilo, con todos los servicios que requiere una ciudad y un muy buen sistema de conexión vial. Sin embargo, está empeñado en recuperar áreas de poblaciones vulnerables donde la inversión municipal no llegó durante las pasadas administraciones. Su plan de mejorar el estado de calles y veredas exigirá invertir unos 15 mil a 20 mil millones de pesos. Nos informó también de otros temas sociales en desarrollo dentro de su programa edilicio.  Pues bien, desde ahí saltamos en la conversación a sus recuerdos de Penco.

     “Bueno, Penco es una ciudad histórica y a mí me alegró cuando fui en el mes de noviembre y vi los avances que presenta nuestra comuna con la actual administración que está en su segundo período. Me asombró porque no esperaba que hubiera un desarrollo en términos de infraestructura, pero también hay un ordenamiento visible en Penco”, nos dijo en la conversación. Y agregó: “Penco siempre se caracterizó por ser una comuna balneario que acogía a una gran cantidad de población de Concepción, de Hualpén, Chiguayante. Hoy en día tiene muy buena conectividad por la gran cantidad de líneas de recorridos que se puede observar. Me gustaría también referirme al desarrollo forestal, sin duda éste afectó a la flora nativa, los bosques de pino y eucalipto reemplazaron las especies que había en los campos. Ya no se ve lo mismo cuando uno va de Penco a Primer Agua, de Penco a Tomé. Cuando uno viajaba de Penco a Concepción veía hermosos copihues en ese tiempo. En la parte gastronómica, Penco tiene que hacerle frente a las ofertas que surgen en Dichato, por ejemplo. Pero, yo creo que con este alcalde en un par de años la comuna va a ser una zona gastronómica y turística bastante atractiva.”  
   En nuestra conversación, el alcalde sanmiguelino también recordó aspectos de su niñez en Penco: “Jugué fútbol por el Atlético, un club local que crearon los hermanos Riquelme. Fui lobato del grupo scout en el que mi hermano también formaba parte. Me gustaba ir al casino de empleados de Fanaloza que quedaba frente a la plaza donde preparaban muy buenos bistecs a lo pobre. El Capri (restaurant) me trae también recuerdos. Los domingos, con mi hermano nos arrancábamos de catequesis para ir al estadio de la CRAV. Como éramos niños, a veces no había dinero para pagar la entrada. Pero, si uno le llevaba el bolso a los jugadores, podía entrar. Uno de ellos, el Peto Vega me pasaba su bolso lo que me permitía ingresar al estadio sin pagar. Mi hermano, en cambio, se iba al cine que estaba ahí  mismo. Bueno ésos son algunos recuerdos, también del amor y de los pololeos cuando uno es joven, de los malones con bebidas hasta las 11 de la noche,  de los estudios, los amigos, etc. Para mí Penco sigue siendo una comuna hermosa, tiene sentido de barrio, tiene negocios antiguos. Se me vienen a la mente el Menaje Lina, la esquina de las señoritas Ulloa aunque ellas ya no están. Me duele lo que pasó con el estadio CRAV, con el teatro de la Refinería que era parte del patrimonio de Penco que se perdió. Eso es lo que se echa de menos al bajar desde la población Desiderio Guzmán. Uno lo siente, lo añora y lo recuerda con mucho cariño”. En la amena conversación con el alcalde Sanhueza en su oficina van saliendo una a una esas imágenes del pasado pencón…


     En lo relativo a su vida y desarrollo profesional nos dijo, por ejemplo, que estudió en el Instituto Superior de Comercio de Concepción por decisión de su padre bajo el argumento que era bueno para las matemáticas. Se graduó de contador y trabajó en Cementos Biobío; por invitación de un tío suyo se vino a Santiago y consiguió un puesto en la minera Andina. Sin embargo, la pasión de su vida no estaba en los números sino en el campo de la salud; le hubiera encantado estudiar medicina. Fue así como motivado por un asunto de interés social, fruto --entre otras cosas--  de su observación de juventud acerca de lo que ocurría en Penco en especial por las experiencias que vivió su propia madre en los servicios locales, optó por estudiar obstetricia. Para hacerlo tuvo que regresar por un tiempo a Penco ya que ingresó a la Universidad de Concepción donde se tituló de matrón con las mejores calificaciones de su promoción. Fue en esa casa de estudios donde conoció a María Eugenia Sánchez, con quien se casó. De eso hace 39 años. Luego de recibirse consiguió trabajo en el Hospital Barros Luco. Tiene tres hijos, todos profesionales: Alejandro, kinesiólogo; Carolina, químico-farmacéutico; y Javiera, enfermera. A ellos debemos agregar dos nietos que son su adoración: Agustina y Sebastián. A la política llegó en el año 2006. Fue electo concejal por esa comuna con la cuarta mayoría el 2008; en los comicios de concejales del 2012 obtuvo la primera mayoría de la Alianza; y el 2016 fue elegido alcalde por San Miguel. En el hospital dejó de trabajar el 5 de diciembre, un día antes de asumir como nuevo jefe comunal.

Wednesday, July 19, 2017

UNA CRUZADA ÉPICA DEL PROFESOR CAMPBELL EN CERRO VERDE

   
Pedro Cerda, con muletas, días antes del viaje a
Santiago a pie de su profesor, don Eduardo Campbell.
(Fotocopia de revista VEA facilitada por el vecino de
Cerro Verde, Guillermo Pedreros).
D
on Eduardo Campbell Saavedra fue el hombre preciso para aquellos tiempos de la historia de Cerro Verde. La dimensión de su personalidad era extraordinaria. Podía encarar en forma correcta incluso al Presidente de la República para tocar su sensibilidad. Supo usar los medios de comunicación para su causa y aprovechó la maquinaria del estado para actuar. De no haber sido por esa cualidad de poner el dedo en las emociones, el “villorrio” habría tenido que esperar muchos años más para conseguir una escuela y algunos de sus humildes habitantes no habrían obtenido lo que necesitaban con urgencia.
    Veamos sólo un caso, el del joven pescador Pedro Cerda. Por algún motivo, el muchacho sufrió un accidente que le significó perder sus dos piernas a la altura de los muslos. En esos tiempos no era fácil obtener una silla de ruedas, así que el joven quedó en la invalidez absoluta. Había sido alumno de la escuela N°34 creada hacía unos años por Campbell. Consciente el profesor que había que hacer algo frente a esta dramática situación decidió actuar.
    Sin duda debe haber muchos vecinos de Penco, Cerro Verde y Lirquén que recuerdan todavía la prueba épica que acometió el profesor Campbell para conseguir piernas ortopédicas para Pedro. Decidió viajar a Santiago para abordar este problema con las autoridades máximas del país, sin duda se presentaría en La Moneda. Pero, el viaje lo haría a pie, de ida y de vuelta. Comunicó convenientemente su propósito a la Municipalidad de Penco de la época y ésta, a su vez anunció la marcha de Campbell a los otros municipios en el camino con el fin que le prestaran apoyo. Los medios de comunicación (los diarios) hicieron lo suyo. Así el profesor emprendió el viaje…
   La revista de circulación nacional VEA, dirigida por el prestigioso periodista Genaro Medina, enganchó con esta cruzada en solitario y la publicación informó finalmente que las piernas ortopédicas para Pedro Cerda fueron una realidad.

    Así actuaba el profesor, con decisión; concebía un camino de solución para un problema y se ponía, de inmediato, manos a la obra. El “villorrio” de Cerro Verde de hoy sería distinto, decíamos, de no haber tenido a un maestro tan notable como el señor Eduardo Campbell.

Thursday, July 13, 2017

FILANTROPÍA HACIA JÓVENES DE PENCO DE "TALHOUK Y PIGLIESI"

El nombre de Hammoud Talhouk aparece en esta publicación de Mundo Árabe del 1° de julio de 1949, pág. 11.
El señor Hammoud Talhouk era un hombre alto de estatura que se peinaba para atrás y llevaba un bigotito fino. Fumaba cigarrillos con una boquilla de filtro. Administraba la pulpería de Fanaloza en la esquina de Cochrane e Infante, frente al edificio administrativo que hoy no existe de esa empresa. También estuvo relacionado con el economato locero que atendía en la planta baja del hogar del sindicato en calle Penco, donde se vendía menaje y enseres para las casas de los trabajadores. El servicio lo prestaba con un socio y la empresa de ambos era “Talhouk y Pugliesi”. Este último, el señor Pugliesi, tenía un vínculo de parentesco con uno de los hermanos Díaz, del clan Díaz propietario de Fanaloza. La personalidad del señor Talhouk, de apariencia distante difería de su trato con los niños hacia los cuales demostraba una relajada afabilidad. Se interesaba en la actividad que realizaban los scouts de la “Armando Legrand” a la que él contribuía con alimentos no perecibles para aquellas excursiones que el grupo realizaba por los cerros de Penco y que se programaban por  más de un día.
               La publicación “Mundo Árabe” que circulaba en Chile a mediados del siglo XX incluía informaciones sobre esa colonia en Chile. En sus textos se nombraba al señor Talhouk en varias ediciones entre 1947 y los sesenta, indicándolo como un activo integrante de directivas de comunidades árabes en Concepción y Talcahuano. En una de esas notas se señalaba que ejercía como secretario de bibliotecas. A pesar de su trabajo en Penco, él no residía acá sino en la ciudad penquista.
               Por esta acción filantrópica hacia los scouts, sostenía vínculos con otras personas importantes de Penco que dedicaban parte de su tiempo a apoyar a la niñez y la juventud de ese grupo. Entre ellos los señores Óscar Contreras, el doctor Emilio Suárez…

              Cuando han pasado ya tanto años, se me viene a la memoria la imagen y la personalidad del señor Talhouk sonriente supervisando la pulpería y agradable en su trato hacia los niños de la “Legrand”. Si pudiéramos llamarlo así, valga este recuerdo como un modesto homenaje a su persona.

Dato editorial: Esta nota fue complementada con información aportada por Manuel Suárez Braun, tesorero de la Sociedad de Historia de Penco.

Monday, July 10, 2017

CENA "GOURMET" EN EL FUNDO LANDA

Foto referencial obtenida de www.fogonvirtualscout.com.
   La jefatura habló con don José Pérez, cuidador del fundo Landa, para que nos dejara entrar a ese campo, ubicado a la salida de Penco por el camino a Concepción, para actividades escautivas por veinticuatro horas. La autorización formal fue concedida por la Refinería, propietaria de ese predio así como del fundo Coihueco, Trinitarias y Cosmito. Cerca del mediodía de ese caluroso verano de 1957, unos veinte muchachos pertenecientes a la “Legrand”, entramos marchando con nuestras mochilas, báculos, carpas, un par de trompetas, un tambor, un fondo con su tapa y otros pertrechos. Lo hicimos por la puerta que da al camino público, donde entonces había un letrero hecho de madera que decía “Fundo Landa”. Luego de unos trescientos metros de caminata por una suave pendiente llegamos al lugar donde nos instalaríamos: un descampado perfectamente circular de una media hectárea. Alrededor había un bosque: pinos, eucaliptos y algunos árboles nativos. Antes de iniciar cualquiera acción, la jefatura nos advirtió de no encender fuego, que estaba autorizada sólo una fogata común en el centro de ese espacio circular, por lo que las carpas se levantarían en derredor.
   Una vez que el campamento estuvo armado,  los muchachos pudimos participar de las distintas actividades recreativas propias de un grupo scout. Hasta que vino la tarde y cayó la noche y con ella llegó el hambre. Afortunadamente, la cocina había funcionado muy bien gracias a la participación de tres diligentes scouts designados para esa labor. Estos nos habían solicitado temprano los alimentos no perecibles que incluía la lista de las cosas que había que traer de la casa. Demás está decir que cada cual llevaba lo suyo. Algunos traían porotos, otros garbanzos, los más habían llevado arroz. También se veía en la mesa de la cocina varias latas de salsas de tomates y los infaltables tallarines. Los muchachos picaron la cebolla, pelaron algunas papas y lavaron las verduras…
   A la hora de la cena, la comida estuvo lista. El orden para recibir la ración era hacer una fila y llevar el plato y la cuchara. Esa noche a la lumbre de las llamas de la fogata, había expectación por la comida preparada nuestros compañeros. El jefe se acercó a los cocineros y conversó con ellos brevemente. Nosotros mirábamos a cierta distancia. Los encargados sacaron el fondo hirviendo del fuego y se dispusieron a entregar la comida. Pero, antes, el jefe pidió un aplauso a esos muchachos por la aplicación y el cariño que habían puesto en la preparación. Terminados los largos aplausos, el jefe les dijo a los cocineros que informaran  a la tropa de qué se trataba el plato de esa noche, especialidad de la casa…

De los tres, el más chico entregó la esperada información: “Atención tropa de la ‘Legrand’, para esta noche de campamento los cocineros les hemos preparado un rico, un exquisito, un inigualable me-nes-trón”, dijo el scout separando las sílabas y terminó así su corto informe en voz alta. De inmediato comenzó el reparto de las porciones. ¿En qué consistía el mentado menestrón? Pues, que los cocineros echaron todo el comestible reunido en el fondo al que le agregaron agua del estero Landa (muy limpia en esos años), lo cocieron por un par de horas, lo aliñaron y listo. Así cada plato reunía todo tipo de cereales y legumbres cocidas, tallarines, un caldo espeso y hartas verduras. Los jefes de patrulla informaron al final que nadie había comido nunca un menestrón tan delicioso. (Es lo que hace la fuerza del hambre).